"(...) el motor de la película, lo que la mantiene siempre en marcha y nos permite seguirla con interés y placer, es precisamente la dinámica de lo predecible, de lo que hemos visto y queremos volver a ver porque alguna vez nos emocionó. Y en ello Mongol no decepciona (...) conquista su espacio de dignidad dentro del género, es honesta y sabe cómo extraer en cada momento lo que la epopeya en marcha necesita."